3 – El Alma humana

Hoy vamos a hablar del alma humana. Este es un punto para muchas personas obvio, para otras no tanto. Es un tema muy importante porque la existencia del alma humana implica muchas cosas. Entre ellas, la más importante, la existencia de Dios.

Para explicar el fenómeno del alma humana, voy a servirme una vez más de la sabiduría del teólogo José Antonio Sayés. A continuación transcribo partes de una conferencia suya, con ciertos comentarios míos.

Observando la naturaleza, vemos diferentes tipos de existencias a nuestro alrededor. Vemos piedras, montañas, gatos, perros, árboles, mosquitos, mariposas y un tipo muy feo que nos saludo a través del espejo por las mañanas.

De entre todas estas cosas diferenciamos principalmente en dos grupos. Las cosas que tienen vida y las que no. De entre las que tienen vida, vemos seres animados e inanimados y dentro de los seres animados, vemos uno diferente a todos los demás: El hombre.

El hombre destaca sobre el resto de existencias cognoscibles sobre la tierra. El hombre tiene una naturaleza diferente a la del resto de seres vivos. Posee algo inmaterial que le hace diferente: El alma humana.

El alma humana es lo que hace que el hombre se diferencie de los animales. Hay algo inmaterial, algo que no está en el genoma humano y que sin embargo lo tienen los padres y lo tienen los hijos.

Hay quienes piensan que el hombre es simplemente un conjunto células y que los pensamientos y las ideas no son más que conexiones neuronales y reacciones químicas dentro del cerebro. Se estima que el hombre tiene 30.000 genes, pero ¿Es el hombre solo esto? Hoy en día se ha llegado a pensar que el hombre es solo lo que es empíricamente verificable.

Desde el punto de vista filosófico el hombre no se puede explicar sólo por el genoma. El hombre tiene una serie de operaciones espirituales, de las que carecen los animales, que exigen que en el hombre haya también un principio espiritual, que no se ve. Pero es que tampoco las operaciones espirituales se ven.

La libertad: La libertad no puede explicarse por el genoma humano, ya que la libertad requiere autodeterminación. Yo me determino a mi mismo a ser soltero o casado a escoger una profesión a escribir un blog. Decir libertad es decir algo que va más alla de la genética. Decir libertar es decir espiritualidad, es decir, alma.

La conciencia del yo: Los gemelos provienen de un solo óvulo dividido, de manera que los dos tienen el mismo código genético. Los dos tienen que ser niños o niñas. Pero cada uno de ellos tiene la experiencia de tener un yo absolutamente único radicalmente irrepetible. Absolutamente original.

El arte: la pintura es otra prueba de la existencia del alma. Uno solo puede pintar si conoce la esencia de las cosas. Uno solo puede pintar un caballo si conoce lo que es un caballo. No necesita ni siquiera verlo, basta con que conozca el concepto de caballo mediante una descripción para poder pintarlo, cosa que en cualquier animal es impensable. Los animales no tienen lenguaje simbólico, tienen un lenguaje emotivo, con el que expresan las emociones subjetivas: celo, hambre sed. Pero no tienen diccionario. Porque no ponen nombres a las cosas, porque no captan que hay cosas. Nosotros ponemos nombre a un boli porque hemos captado que existe una realidad. Como tiene capacidad de escribir, le ponemos nombre de bolígrafo. Tenemos conocimiento sensible como los animales, pero además captamos las realidades y conseguimos obtener un concepto trascendente de las cosas.

El progreso: Los animales no tienen progreso. Las abejas llevan siglos y siglos haciendo la miel de la misma manera. El progreso viene cuando nosotros llegamos por abstracción de las leyes que rigen las cosas. Nosotros al ver una manzana caer no pensamos simplemente: “Mira! comida!” (Algunos puede que sí). Pero un hombre, al ver una manzana caer de un árbol es capaz de abstraer que existe una ley de la gravedad que hace que esta manzana caiga.

Ética: Un lobo no es malo por comer corderos, simplemente sigue su código genético, que lleva a su instinto a comer corderos, pero no tiene capacidad de autodeterminación.

Todas estas operaciones espirituales nos llevan a la existencia del alma. El alma no se puede generar. Solo se puede generar lo que se puede dividir. Lo material se puede dividir, pero lo inmaterial no se puede dividir. Entonces, si no se puede generar materialmente, si no se hereda de los padres al igual que los 23 pares de cromosomas, entonces ¿De dónde viene? Solo puede haber sido creada directamente por Dios. Por eso, cada uno de nosotros tiene una conciencia de un yo absolutamente irrepetible, radicalmente original.

Esto no es una vía de santo Tomás, pero gracias a la existencia del Alma, llegamos necesariamente a la existencia de Dios.

Anuncios

1 – Fe y Razón

¿Qué es la fe? ¿Por qué creemos los cristianos lo que creemos? La verdad es que he escogido como primer tema, quizás el más difícil de todos. Lo cual está genial porque me ha hecho a mi mismo ahondar en las raíces de mi fe y aumentar todavía más la certeza en lo que creo.

La fe es un don y una virtud. Un don porque es algo que nos da Dios si tenemos el alma bien dispuesta y una virtud porque requiere de un acto voluntario del ser para realizar la acción de creer.

La fe como don.

La fe, ante todo, es un don. Es una gracia que concede Dios a quien Él quiere. Esto quiere decir que por mucho que pongamos toda nuestra voluntad en creer, si creemos realmente, es solamente porque Dios quiere. Este don por tanto, como regalo más grande que hemos podido recibir, hay que guardarlo como un tesoro, ya que, al igual que hemos recibido la fe, podemos perderla si la descuidamos.

La fe como virtud.

Al igual que el vicio es un mal hábito adquirido, la virtud, es un hábito bueno adquirido mediante la repetición de actos. Uno no nace siendo recio, sino que ha de realizar de manera habitual actos para vencer la pereza. A medida que uno se “acostumbra” a vencer la pereza, va adquiriendo la virtud de la reciedumbre. La fe, como cualquier otra virtud, es un hábito bueno. Una persona, se convierte en un hombre de fe mediante la repetición de actos de fe. Una persona incrédula, acostumbrada a desconfiar de todo, será incapaz de llegar nunca a tener una fe sobrenatural. Pero ¡ojo! Que esto no significa que uno tenga que ser un ingenuo que se crea todo lo que le digan. Porque (aquí viene el punto más importante) la fe, es racional. Es decir, que uno no se tiene que creer cualquier cosa, sino solo lo que es razonable creer.

La fe católica siempre ha necesitado de la razón. Esto no significa que la fe sobrenatural sea una consecuencia lógica de la razón, sino que ésta fe no puede prescindir de la razón.

“La fe es una decisión verdaderamente humana por Dios y por Cristo; y, siendo humana y responsable, tiene que ser por ello mismo razonable. No se puede tomar una opción que compromete la vida entera de modo irracional e irresponsable. La fe sobrenatural, que es un don de Dios, no deja de ser una decisión libre y responsable; por ello mismo ha de examinar seriamente los motivos que tiene para creer.”1

Transmisión de la fe.

Jesucristo dijo: «id por todo el mundo proclamando el Evangelio a toda la humanidad» (Mc 16,15; Mt 18,20). Habréis comprobado, que los cristianos, no nos limitamos a vivir la fe de manera individual. Todos los cristianos tenemos como misión proclamar el Evangelio; tenemos como deber transmitir nuestra fe. «Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis» (Mt 10, 7-15). Por esta razón, el cristianismo no podrá nunca limitarse al ámbito privado, nadie podrá recluir nunca nuestra fe exclusivamente en parroquias y conventos, sino que se reflejará en cada uno de los aspectos referentes a la vida del cristiano, en cada una de sus actividades ordinarias. En todo momento, el cristiano ha de ser un reflejo de Cristo, IPSE Christus, el mismo Cristo.

Normalmente la transmisión de la fe, se realiza de padres a hijos. Esto, no significa que todos los padres cristianos tengan per se hijos cristianos, ni que los padres no cristianos no puedan tener hijos cristianos. Desde pequeños, vamos mamando de nuestros padres las enseñanzas del cristianismo y, hasta una determinada edad, muchos creemos porque nuestros padres creen; porque es lo que nos han enseñado desde pequeños. A veces se puede llegar a pensar que esto es como los Reyes Magos, que cuando uno es mayor, se da cuenta de que son los padres y deja de creer porque “sabe la verdad” (Espero con esto no haber fastidiado a nadie…). Con la fe lo que sucede es que cuando uno tiene uso de razón, lo que tiene que hacer es dejar de creer por lo que digan sus padres o por pura inocencia o ingenuidad y empezar a creer apoyado firmemente en la razón, empezando a creer por uno mismo.

Para terminar quiero dejar un enlace a una grabación de una conferencia del padre José Antonio Sayés que se titula: “Fe y Razón”. Esta conferencia realmente merece la pena escucharla y meditarla. Solo perderéis media hora de vuestra vida. Podéis ponérosla en vuestro iPod o mp3, en el coche, o donde queráis.

http://www.ivoox.com/fe-razon-audios-mp3_rf_154825_1.html

1 Razones para creer, José Antonio Sayés. # ISBN:84-285-1478-X